05.12.2019 |

Alumnas de Magisterio realizaron práctica profesional en escuela rural de Lavalleja

Josefina Arsuaga, Milagros Morelli y Sabrina Cabrera trabajaron durante una semana en la Escuela N° 66, en la localidad de Punta de los Chanchos

Cuando los alumnos de Magisterio de la Facultad de Humanidades y Educación de la UM (FHUMyE) llegan al cuarto año de la carrera, tienen la posibilidad de realizar una práctica profesional en una escuela rural del interior del país. “Es una oportunidad para intervenir en un contexto totalmente diferente al urbano por estar a cargo, generalmente, de un maestro y director que cumple todas las tareas en el centro. Cada año, se solicita al Departamento de Educación rural la disponibilidad de escuelas en el departamento elegido por las alumnas, que siempre han sido recibidas por las docentes, los estudiantes y las familias que están muy cerca y participan activamente en las tareas de la escuela”, explicó Laura Parente, directora de Magisterio de la UM.

Julieta Arsuaga, Milagros Morelli y Sabrina Cabrera fueron las estudiantes interesadas en viajar a Lavalleja para vivir esta experiencia. En octubre, trabajaron por una semana con los veintidós alumnos (de 4 a 12 años) de la escuela N° 66, en la localidad de Punta de los Chanchos. “Los primeros días, observamos cómo trabajaban y, los últimos tres días, realizamos actividades relacionadas con los temas que los niños ya venían desarrollando en clase”, contó Arsuaga.

Según Morelli, la experiencia superó sus expectativas y fue muy enriquecedora: “Participamos de un encuentro de escuelas rurales en Minas. No sabía que existían tantas en Lavalleja. Eso me permitió conocer otra realidad de la docencia, diferente a la que vemos en Montevideo. Las materias pedagógicas y didácticas que cursamos en la UM me enseñaron a valorar el esfuerzo de las maestras en esta escuela rural”. Para Cabrera, también fue una gran experiencia y recuerda con emoción el vínculo entre los alumnos: “En estas escuelas son todos como una gran familia. Se conocen desde hace tiempo, se tienen mucho cariño y se protegen entre ellos, sobre todo los más grandes a los más chiquitos. Esto puede ser por su rutina; los niños llegan y desayunan juntos antes de empezar la clase. A las doce del mediodía paran para almorzar con las maestras, luego salen al recreo, tienen unas horas más de clase y a las tres de la tarde se van devuelta, todos juntos”. Por su parte, Arsuaga valoró la oportunidad de conocer la modalidad de trabajo en una institución con pocos alumnos y que, a su vez, sea multigrado. “Me sorprendió mucho el cariño de los niños, fue muy importante para ellos recibir nuestra visita”, indicó.