22.11.2017 |

“El diálogo interdisciplinar es un desafío y una ventaja”

El Doctor en Filosofía y académico de la Universidad Austral Juan Francisco Franck brindó una conferencia sobre la investigación interdisciplinar y presentó el libro ¿Determinismo o indeterminismo? Grandes preguntas de las ciencias a la filosofía

Motivados por el desarrollo de una investigación interdisciplinar para adquirir nuevos conocimientos, el CEDEI y la Facultad de Humanidades de la UM invitaron al Dr. Juan Franck a presentar el libro ¿Determinismo o indeterminismo? Grandes preguntas de las ciencias a la filosofía. El 17 de noviembre, en la sede central de la Universidad, Frank habló sobre el texto que realizó junto a más de 30 académicos, entre ellos físicos, biólogos, neurocientíficos, filósofos y teólogos.

“El diálogo interdisciplinar es un desafío y una ventaja en el ámbito del conocimiento, porque al no haber un orden prestablecido, le permite a uno innovar, les permite a especialistas de diferentes disciplinas aportar en este capo sin necesidad de grandes inversiones”, afirmó Franck.

En la siguiente entrevista el académico profundiza sobre la investigación que se realizó entre el 2013 y 2015 en el Centro de Filosofía de la Universidad Austral y que recibió el premio Razón abierta, auspiciado por la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger y la Universidad Francisco de Victoria.

¿Cuáles son los antecedentes de la investigación?

En el año 2011 comenzó el seminario de investigación “Determinismo y libertad” en el Instituto de Filosofía, asociado a un proyecto interno de la Universidad Austral y también a financiación externa. El seminario y los proyectos fueron el germen de una investigación más ambiciosa de tres años de duración, que reunió a académicos de 45 universidades de más de 10 países. Esta investigación contó con el apoyo de la John Templeton Foundation. El propósito general de estos proyectos fue abordar los cuestionamientos filosóficos y teológicos que plantean los descubrimientos de la ciencia en torno al determinismo o indeterminismo en la naturaleza. Se eligieron preguntas puntuales que surgen de la física, la biología y las neurociencias y que exigen un abordaje más amplio, que involucra la filosofía, y la teología en algunos casos.

¿En qué consiste?

La actividad principal del proyecto fueron tres workshops, uno cada año, durante los que se discutieron las preguntas específicas en torno a las que giró el proyecto, por ejemplo: ¿a qué se le llama determinismo en física?, ¿qué se entiende por determinismo genético?, ¿es compatible la libertad con la investigación neurocientífica?, entre otras cuestiones. Cada pregunta era abordaba por dos expertos: uno de ciencias y otro de filosofía o teología, según el caso. Cada dupla de expertos había intercambiado pareceres y bibliografía durante aproximadamente un año antes del workshop, y luego debía escribir un texto en coautoría, reflejando el estado de la cuestión y posibles respuestas o conclusiones. Así se llegó al libro ¿Determinismo o indeterminismo? Grandes preguntas de las ciencias a la filosofía, cuyos 18 capítulos presentan en conjunto un amplio panorama del tema del determinismo, visto en clave interdisciplinar.

¿Qué los motivó a realizarla?

La motivación fue justamente la imposibilidad de abordar algunos problemas desde un solo ángulo, y elegimos el problema del determinismo por su transversalidad a muchas ciencias y por las implicancias que tiene para nuestra visión del mundo y del hombre, del origen del universo, las leyes físicas y la libertad humana. Fue un ejercicio de interdisciplinariedad en acto, es decir de intensa cooperación entre especialistas de diversas disciplinas para comprender más a fondo una problemática y hallar así respuestas más satisfactorias. Fue también un esfuerzo grande de apertura, de humildad intelectual y de espíritu colaborativo, tres actitudes imprescindibles para el trabajo en equipo y para alcanzar resultados duraderos.

¿Cuáles son las principales conclusiones que recoge?

El libro no ofrece una conclusión general, sino que los autores presentan las suyas en sus respectivos capítulos, acerca de la pregunta puntual que exploran. Pero además de todo lo que enseña el trabajo interdisciplinar en equipo entre personas de formación muy diferente y siempre de altísimo valor intelectual, se puede decir que una conclusión general del trabajo de esos tres años es que la investigación científica, el pensamiento filosófico y el conocimiento que ofrece la teología no son incompatibles. Dificultades hay, pero es posible avanzar hacia una visión coherente si se extrema la precisión conceptual, por un lado, y se cultiva la apertura intelectual por otro.