01.03.2017 |

Primera experiencia laboral: en París

Sofía Giacummo estudia Traducción en la UM. El semestre pasado trabajó en la sede principal de la Cámara de Comercio Internacional, durante una pasantía

Faltaba poco para terminar la secundaria y Sofía Giacummo y una amiga, con la que cursaba 6º de Derecho, no sabían qué carrera empezar el año siguiente. Encontraron en su liceo un folleto de la Maratón de Traducción de la UM y, como les gustaban los idiomas, se presentaron. Obtuvieron el segundo y tercer puesto. Sofía contó que en ese momento pensaron: “Capaz que es lo nuestro”.

Sofía ingresó a la carrera de Traducción en Inglés-Español de la UM. En 2016, cuando cursaba cuarto, recibió un mail de María Brugnini, directora de la Licenciatura en Traducción, que ofrecía la oportunidad de postularse a una pasantía laboral en la sede principal de la Cámara de Comercio Internacional (ICC por sus siglas en inglés), ubicada en París.

La oficina necesitaba un pasante que hablara español y portugués. La carrera de Traducción de la UM exige elegir un segundo idioma, además del principal, que en el caso de Sofía es el inglés. Como segunda opción eligió portugués y contó que aprendió “mucho y rápido” con los cursos de la UM.

Se presentó a la convocatoria de la ICC y, después de mandar su CV y una carta de presentación y tener dos entrevistas por teléfono, se convirtió en la segunda alumna de la UM en ser seleccionada para una pasantía en la ICC. Viajó a París en julio de 2016.

La oficina en donde realizó su primera experiencia laboral organiza las conferencias y eventos de la ICC y de la Corte de Arbitraje de esa institución. Su trabajo consistió en mantener correspondencia con los oradores de las conferencias y con los participantes, ayudar con la logística y asistir a los eventos en París, hacer traducciones, editar la página web y revisar documentos.

Aunque el trabajo era variado y el nivel de exigencia alto, encontró las herramientas necesarias en la formación que había recibido en la carrera. Desde la ventana de la oficina podía ver la Torre Eiffel y contó con humor que si había alguna dificultad, miraba en esa dirección y se decía a sí misma: “Mirá donde estás, no vale quejarse”.

En su oficina trabajaban una italiana, dos suecas, dos inglesas, una marroquí y una francesa, que era la directora. “Fue muy bueno porque vi a personas de lugares muy diferentes que piensan muy distinto. Es lo que todo el mundo dice y es verdad: una experiencia así te abre mucho la cabeza”, dijo.