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Álvaro Caso

El egresado de la Facultad de Humanidades y Educación de la UM viajó a Johns Hopkins University para cursar un máster y un doctorado

Álvaro Caso entró a la Universidad de Montevideo (UM) en 2006 para estudiar la carrera de Humanidades, opción Historia. Realizó primaria y secundaria en el Colegio San Juan Bautista y cuenta que tuvo muy buenos profesores de Historia en los tres últimos años de liceo. «Creo que ellos ayudaron a que el bichito de la Historia “picara”», expresa.

“Lo que estaba buscando era justamente lo que la carrera de Humanidades-Historia ofrecía en la UM: una formación amplia en artes liberales que me permitiera entender una variedad de temas/problemas”, explica Álvaro.

Comenzó a dar clases de Historia mientras estudiaba, primero como ayudante y luego como titular, a alumnos de liceos y a universitarios de la UM de distintas facultades.

En 2013, viajó a Johns Hopkins University, en Baltimore, Maryland, Estados Unidos, con una beca de esa universidad, para continuar sus estudios. Obtuvo el título de Master of Arts in History y recientemente comenzó su tesis doctoral. Por esa razón, se encuentra en este momento en Perú y recorrerá también Bolivia, Ecuador y Argentina.

Bajo el lema “La verdad os hará libres”, Johns Hopkins University es una universidad líder en EEUU en la investigación de distintas áreas.

¿Cómo fue la experiencia de ser docente de Historia?

Ante todo, agradezco que se me haya dado la oportunidad de pararme enfrente de una clase; en particular Ramiro Podetti, Bárbara Díaz, Juan Manuel Casal y Fernando Aguerre tuvieron mucho que ver con ello. Fue una experiencia que me enriqueció mucho. Tuve la suerte de dar clase en todas las Facultades de la UM con excepción de Ingeniería, y la verdad que eso me enseñó a tratar de hacer relevante lo que enseñaba para alumnos de distintas carreras. También me terminó de demostrar la importancia de la formación humanística, y en concreto de Historia, en una variedad de contextos. Digamos que la experiencia docente terminó de consolidar una vocación que había empezado por la curiosidad y por la investigación, y que hoy por hoy no concibo sin la docencia. 

¿Por qué decidiste estudiar en Johns Hopkins University?

Tomé el camino de postularme para admisión en programas de Doctorado en Historia en varias universidades y al final del proceso cuando llegaron las respuestas, tuve ofertas con becas de cuatro instituciones, entre ellas Hopkins. Lo que hice fue evaluar un montón de razones y finalmente concluí que el perfil del Departamento de Historia en Johns Hopkins era el que más se ajustaba al tipo de preguntas y problemas históricos e historiográficos que me interesaban. La beca que me fue ofrecida también marcó su diferencial. Además influyeron mucho las conversaciones que en su momento tuve con quien sería —hoy es— mi tutor, Gabe Paquette. Lo conocía de haberlo leído; su dinamismo, juventud, entusiasmo y las contribuciones que está haciendo al campo de historia de Iberoamérica fueron decisivos para que me aceptara la propuesta de Hopkins. También influyó mucho que el Departamento de Historia de Johns Hopkins tiene una larga tradición y profesores que han enseñado allí han hecho grandes aportes a la historia de España, del mundo Atlántico, de Iberoamérica y a la historia del pensamiento político, que son las áreas de mi interés.

¿En qué consisten tus estudios?

Los programas de doctorado en Historia en Estados Unidos tienen dos partes. La primera —que yo acabo de terminar— consiste en básicamente cursar materias y campos de especialización (en mi caso fueron cuatro campos de especialización, tres “menores” y uno “mayor”), luego das unos exámenes en esos campos que se les dicen “comps” (por “comprehensive”, comprehensivo), cuando salvás esos exámenes te dan el título de Maestría (Master of Arts in History, en este caso). También usualmente hay trabajos de investigación original involucrados en este proceso. En nuestro caso lo que sería una tesina de maestría se hace en el primer año, que es una particularidad del programa de Historia de Hopkins. Luego de eso, uno es candidato doctoral que es la etapa en la que estoy ahora. Esto quiere decir que lo que resta es investigar, planear, escribir, y defender la tesis de doctorado. El título que se obtiene, después de terminar este proceso exitosamente, es Doctor en Historia (PhD in History). Las Universidades, cuando otorgan becas como es mi caso, las dan por el total de este proceso, supeditadas a que se cumplan los objetivos trazados año a año.

¿Cómo es un día en la universidad?

En mi caso, lo que expresa el “día a día” en la universidad es Gilman Hall, el edificio donde está el Departamento de Historia y los demás departamentos humanísticos de la Universidad. Es el edificio icónico de la Universidad y fue remodelado para adaptarlo a estándares actuales; entonces, si bien mantiene la estética general del campus, por dentro es muy moderno. Allí tuve todas mis clases, seminarios, charlas, conversaciones formales y conversaciones informales con amigos y colegas. Creo que eso es lo que más me impactó en “la cotidiana”: el campus y todo lo que pasa allí. El tener un lugar donde se concentra toda la actividad académica y buena parte de la dinámica social, de estudiantes de grado y posgrado, además de profesores, funcionarios, etcétera. Ahí, además, todo es estimulante y predispone positivamente para estas actividades académicas y sociales. Es claro que hay una visión de la Universidad como comunidad diversa que se desarrolla en el campus.

El presidente de Johns Hopkins, Ronald Daniels, expresa en una cita en la página web de la universidad: Discovery is the heart and soul of what we do at Johns Hopkins —and there's so much left to uncover”. (“El descubrimiento es el corazón y el alma de lo que hacemos en John Hopkins y queda tanto por descubrir”). ¿Cómo es tu trabajo de investigación en la universidad y qué implica dedicarse al estudio en profundidad de la historia de Uruguay y de América Latina?

Sí, la verdad que la investigación está en el ADN de Hopkins. Por ejemplo, la sonda New Horizons que fue enviada a Plutón para su exploración fue hecha en el Applied Physics Lab de la universidad —obviamente, contratado por la NASA—. La idea matriz sobre la que se construyó la universidad es, justamente, la de ser un instituto de investigación —algo atípico en el siglo XIX cuando se fundó—. Hopkins se precia de ser la primera “reserach university” de Estados Unidos. Como decía antes, en el caso de Historia, la Universidad tiene una tradición muy fuerte en formar investigadores sólidos, que concentran mucho su trabajo en fuentes primarias, y que hacen contribuciones sustantivas. Ahora mismo estoy empezando la investigación de mi tesis doctoral en Sudamérica. Mis intereses pasan por la historia de las ideas, de las instituciones, y de las personas que articularon esas ideas y participaron de esas instituciones, en Hispanoamérica —fundamentalmente, pero no excluyentemente—, durante la etapa colonial. Estoy trabajando en eso, refinando mis ideas de investigación para poder articular mi proyecto de tesis. Me gusta la pregunta sobre las “profundidades”. Dentro de ese interés general que te comentaba, me interesa saber cómo funcionaba la Monarquía Hispánica “a diario”. A algunos historiadores les interesa el cuándo, a otros el por qué, me parece que a mí me interesa el cómo. Y eso es algo que está vinculado, creo, a la investigación profunda, tratar de entender cómo funcionaba una maquinaria imperial que unía porciones de tres continentes. Me parece que es algo interesante e incluso relevante para la actualidad. Hay un interés creciente en entender cómo funcionaban las organizaciones y las instituciones de los siglos XVI, XVII y XVIII para aprender qué nos puede decir el pasado sobre la gobernanza de organizaciones complejas. En eso estoy.

Hace poco publicaste una investigación en el libro “La Subversión del Orden por la Palabra”, ¿de qué trataba?

Esa publicación salió en un volumen colectivo producto del congreso del grupo Iberconceptos en Bilbao en Septiembre de 2012. La verdad que fue un gusto participar de ese encuentro y un honor compartir ese volumen con profesores destacados de Uruguay, Colombia, España, Portugal, etcétera. Ese trabajo está centrado en entender cómo ciertos conceptos que estaban asociados al mundo de lo sobrenatural se comenzaron a usar más y más para describir fenómenos mundanos de la política.

¿Qué planes tenés para los años siguientes? ¿A qué te gustaría dedicarte después de recibirte?

En principio hay que comenzar y terminar la tesis. Eso me va a llevar algunos años. Yo tengo una vocación muy fuerte hacia la docencia universitaria, la investigación, y la universidad en general. Como te comentaba anteriormente, creo que los procesos de enseñanza-aprendizaje no se tienen que dar de narices con lo que los profesores universitarios—que deberían ser siempre investigadores—producen. Es decir, el desafío es conjugar esas investigaciones que a veces son para un público de “iniciados” con aquellos temas, debates que tienen en sus cabezas, en sus carreras, y en su mundo, los chicos que ingresan a un salón de clases en primero de facultad. Me veo tratando de sortear ese desafío.

¿Cómo ves el desarrollo de la investigación en Humanidades en Uruguay? ¿Cuál te parece que es el camino a seguir?

No sé si tengo elementos como para evaluar el desarrollo de las Humanidades en Uruguay. Lo que entiendo es que durante muchos años la investigación en Humanidades estuvo poco profesionalizada. Es decir, se investigaba como una ocupación “lateral”, incluso grandes contribuciones al saber humanístico en nuestro país fueron hechas por personas que se dedicaban inicialmente a otras cosas —abogados, médicos, escribanos, etcétera—. Era algo parecido a lo que ocurría con la carrera de periodismo. Durante muchos años ha habido un proceso de “institucionalización” y “profesionalización” creciente en este sentido. Distintas instituciones han participado de ese proceso: la UdelaR, el CLAEH, el Instituto de Filosofía y Letras (germen de la UCU), y la UM. Capaz que  la culminación de ese proceso fue la creación de la ANII. Instituciones como la UM han acompañado esto con carreras como la Licenciatura en Humanidades, la Maestría en Historia, con el Centro de Documentación y Estudios de Iberoamérica, con los programas en Estudios Latinoamericanos, la organización de jornadas internacionales y actividades académicas. Capaz que ahora que están puestos los cimientos un camino posible es el sostenimiento en el tiempo y la coordinación de estos esfuerzos que se hacen desde varios lugares e instituciones.

Entrevista realizada en julio de 2015.