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Inés Illarramendi

“La UM me enseñó que un traductor es un puente entre culturas”

Inés Illarramendi estudió la Licenciatura en Traducción en la Facultad de Humanidades de la UM. Fue intérprete del Presidente de Uruguay, José Mujica, en su visita oficial a los Estados Unidos y actualmente se encuentra realizando una pasantía en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (OEA).

¿Cómo surgió la posibilidad de realizar una pasantía en la OEA?

El año pasado se me ocurrió la idea de hacer una pasantía en el exterior cuando terminara la carrera, en algún organismo internacional. Busqué en internet y llegué a la página de la OEA, que tiene un programa de pasantías para jóvenes graduados de carreras de grado o máster. Me postulé a través de la página, con toda la ilusión del mundo pero convencida de que era imposible que me eligieran. Al mes me llamaron de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para notificarme que había sido seleccionada. Realmente no lo podía creer.

¿Cómo ha sido tu experiencia en estos meses?                                        

Increíble. La pasantía de la OEA es única porque combina lo mejor de la práctica profesional y el intercambio internacional. En parte es como si fuera un intercambio universitario de la UM, ya que son grupos grandes de pasantes que vienen de todas partes de América, que se convierten en tu familia durante la pasantía. Esto hace que el aprendizaje sea constante, porque cada intercambio con los demás nos enseña algo de su cultura, su país, su realidad. Fue la primera vez que me sentí tan cerca de la región y de la cultura latinoamericana en general.

En cuanto a lo profesional, es impresionante todo lo que uno aprende porque, si bien es una pasantía, nuestra carga y responsabilidad laboral se equipara a la del personal. Mi trabajo en la CIDH era traducir para el sector de medidas cautelares, y por ende trabajé bajo mucha presión, porque cuando se solicita una medida cautelar es porque está en riesgo la vida o integridad personal de la persona, y la CIDH responde inmediatamente, así que la traducción es siempre urgente. Pero trabajar en derechos humanos hace que toda la dedicación, el estrés y el sacrificio que uno hace valgan la pena.

Ya habías realizado un intercambio en la Universidad de Pittsburgh, ¿qué recuerdos te dejó?

Puedo decir con certeza que esa experiencia marcó el rumbo que está llevando mi vida ahora. Antes de decidir ir a Pittsburgh lo dudé mil veces, tenía miedo y -aunque hoy me cueste creer que así fuera- no me llamaba tanto la atención la idea de vivir en el exterior, salvo por la posibilidad de practicar mi inglés. Hoy en día no puedo concebir mi vida sin la posibilidad de nutrirme de experiencias internacionales, ya sea trabajando en el exterior o aprovechando las oportunidades de intercambio cultural que tenemos dentro de nuestro país.

¿Cómo surgió la posibilidad de ser la traductora del Presidente de la República?

No fue algo que surgió de un día para el otro. Desde que llegué a la ciudad en enero fui a todos los eventos de la Embajada de Uruguay y hace unos meses, en una conferencia sobre Uruguay, oficié de intérprete para la Presidenta de la CIDH. Al finalizar, los funcionarios de la Embajada me pidieron mis datos y mi CV, y quedamos en contacto. Yo había leído ese mismo día que Mujica iba a ir a DC, y esa noche después de la interpretación soñé que me contrataban para ser su intérprete, y a partir de ahí se convirtió en mi sueño ser intérprete del Presidente de Uruguay. Unas semanas antes de que viniera Mujica escribí a la Embajada y les dije que estaba por terminar mi pasantía y que estaría a disposición de la misión por si me necesitaban. Al día siguiente me llamaron y me preguntaron si estaría disponible para ser intérprete de Mujica durante tres días de su visita oficial. No lo podía creer.

La experiencia fue impresionante. Tuve la oportunidad de interpretar para el Presidente de la República, varios de los ministros uruguayos, el Secretario de Estado John Kerry, el Secretario de Agricultura, el Presidente del Banco Mundial, y otras personalidades del ámbito político y empresarial. A veces parecían celebridades en vez de políticos, sobre todo por el carisma de Mujica y la admiración que despierta en el exterior (que quedó plasmado en la cantidad de gente que se le acercó y de selfies que le pidieron). Fue un trabajo con un grado altísimo de responsabilidad, pero disfruté cada segundo.

¿Cuáles son tus planes en el futuro?

Me voy a quedar un año más en Washington trabajando como traductora en el Banco Interamericano de Desarrollo. Mientras tanto, planeo seguir con mi empresa, Universis Translations, que fundé el año pasado. Tengo vocación por la traducción, así que es algo que planeo hacer por el resto de mi vida, pero estas experiencias en el ámbito de los derechos humanos y del desarrollo también despertaron mi interés por otras áreas. A mediano plazo me gustaría hacer un máster en desarrollo internacional o política pública y trabajar en un organismo internacional en uno de estos campos. Aprendí a ponerme metas, aunque a veces parezcan inalcanzables (como trabajar en la OEA o ser intérprete del Presidente de Uruguay), pero a no limitarme si en el camino me surgen oportunidades mejores que no había planificado.

¿Qué tipo de enseñanzas/capacitación te dejó tu paso por la UM?

Para empezar, una educación de primer nivel que me preparó para ejercer tanto en Uruguay como en el exterior, por la malla curricular y los excelentes profesores, uruguayos y extranjeros, que tiene la Universidad. La UM me enseñó que un traductor es un puente entre culturas, un comunicador internacional, que tiene que estar inmerso en el mundo de lo que traduce para poder hacer su trabajo bien. De ahí que la carrera de traducción tiene un gran énfasis en la parte cultural y un gran número de materias específicas según el área de especialización. Pero mi paso por la UM estuvo marcado sobre todo por mi participación en el Voluntariado (VUM). Ahí aprendí lo que es el voluntariado profesional y descubrí que puedo trabajar de lo que más me gusta y lo que mejor sé hacer, y que a la vez este trabajo tenga un fin y un impacto social. Sin duda fue el VUM el que despertó mi interés en trabajar en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y en el Banco Interamericano de Desarrollo, por enseñarme que el voluntariado no tiene por qué ser algo que haga solo en mi tiempo libre.